

¡Échele, compadre, que suene ese acordeón!
Hoy les traigo un corrido
de un hombre trabajador,
un hombre de palabra,
de lucha y corazón,
Don Nico, el de la frutería…
¡Y que se escuche con orgullo esta canción!
Por las calles se conoce a un hombre de gran valor,
Don Nico es su nombre,
trabajador de corazón.
Desde temprano en su frutería se le mira chambeando,
porque sabe que en la vida lo bueno cuesta ganarlo.
La vida le puso trabas,
no todo fue color de rosa,
pero nunca se dio por vencido
por su familia hermosa.
Con esfuerzo y con coraje se ha sabido levantar,
porque un hombre de los buenos
no se cansa de luchar.
¡Ay, Don Nico,
hombre de honor, de esos que se ganan todo con trabajo y
con sudor! Por su querida esposa Lili,
da la vida y da el corazón,
quiere darle lo más bonito,
lo mejor de lo mejor.
Que retumbe el acordeón y que se escuche por ahí,
¡Don Nico es hombre de lucha,
de los que saben vivir!
Aunque la vida le ponga mil piedras en el camino,
con trabajo y con orgullo
siempre sigue su destino.
Su compañera es doña Lili,
su cariño y su fortuna,
la mujer que va a su lado,
su refugio y su luna.
Por darle una vida buena nunca deja de esforzarse,
porque el amor de un hombre se demuestra al levantarse.
Y si hablamos de sus hijos,
se le ilumina la mirada,
Isabel, su hija querida,
es una joya muy preciada.
Y su hijo Nico en Guadalajara,
también lo lleva en el alma,
porque aunque estén lejos sus pasos,
el cariño nunca cambia.
También tiene a Sarita,
su niña consentida,
una estrella que le alegra y le ilumina la vida.
Y tres nietos que son su orgullo,
sus tesoros más queridos,
por los que daría todo,
por verlos siempre unidos.
Matías es futbolista, con el balón va soñando,
Isaac es el alegre,
siempre trae felicidad, y Samuel es el güerito,
consentido y especial.
Cuando los tiene cerquita,
se le olvida el cansancio,
porque el amor de sus nietos vale más que cualquier salario.
No todo ha sido sencillo,
bien lo sabe Don Nicolás,
hubo días de batalla y otros de no poder más.
Pero con fe y con trabajo fue venciendo cada prueba,
demostrando que el que lucha siempre encuentra una puerta nueva.
No presume de riquezas ni necesita aparentar,
su fortuna está en su gente y en poderlos abrazar.
¡Que viva Don Nico,
el de la frutería!
¡Que viva su esposa Lili,
su alegría de cada día!
¡Isabel y Nico, que son parte de su historia,
y sus tres nietos queridos,
que le llenan de gloria!
Matías, Isaac y Samuel,
y su niña Sarita en el corazón.
¡Que Dios bendiga por siempre a Don Nico y a los suyos!
¡Y que siga la frutería,
compadre!
¡Ajúa!