

Sola frente al mundo cuando el sol cayó,
dos pequeños brazos que la vida le entregó.
Sin un manual en mano,
pero llena de valor,
transformó las dudas en cimientos de amor.
Noches de cansancio,
mañanas sin ceder,
enseñando a sus hijos la virtud de responder.
Con la frente en alto y la mirada en paz,
les enseñó que caerse no importa jamás,
que la verdadera fuerza está en volverse a levantar.
¡Ámame, vida, que no me rendí!
Con firmeza y sabiduría el camino esculpí.
Madre, guerrera, refugio y hogar,
dos semillas al cielo que hoy se ven volar.
Sin miedo a las sombras,
sin miedo a luchar,
mi amor fue el escudo que los vio triunfar.
Palabras de reina, consejos de luz,
cargó los problemas sin que fueran cruz.
Puso disciplina con tono sutil,
fortaleza en el alma y coraje de mil.
Hoy sus dos pequeños ya saben volar,
llevando sus huellas en cada lugar. (ahhhh)
Que el tiempo testigo sea del honor,
de los frutos sembrados con tanto sudor.
No hizo falta nadie para sostener,
el imperio gigante de esta gran mujer.
¡Ámame, vida, que no me rendí!
Con firmeza y sabiduría el camino esculpí.
Madre, guerrera, refugio y hogar,
dos estrellas del cielo que hoy se ven brillar.
Sin miedo a las sombras,
sin miedo a luchar,
mi amor fue la fuerza que los hizo triunfar. (triunfar)
Firmeza en los pasos,
sabiduría en la piel...
Simplemente
una mujer.