

Yo ya no quería volver a enamorarme,
había decidido cuidar mi corazón,
decía que el amor ya no era para mí,
que era mejor vivir sin otra ilusión.
Pero llegaste tú sin hacer tanto ruido,
con esa manera tan bonita de hablar,
con tu dulce voz y esa fe tan grande,
que poco a poquito me hiciste cambiar.
Y no fue tu belleza lo que me atrapó,
fue
la forma tan linda que tienes de ser,
fue escucharte hablar de Dios con el alma,
y esa forma tuya de hacerme volver a creer.
Y ahora miro
mi teléfono y sonrío,
cuando aparece tu nombre frente a mí,
qué curioso que alguien que conocía tan poco se haya vuelto tan
importante para mí.
Porque tú llegaste cuando menos esperaba,
cuando mi corazón ya no quería sentir,
y ahora quiero despertar cada mañana
sabiendo que hay un motivo para sonreír.
Quiero abrazarte cuando estés medio dormida,
darte ese primer beso al despertar,
escucharte decirme "buenos días,
mi amor"
y quedarme a tu lado sin ninguna prisa ni mirar atrás.
Y si Dios permite que nuestros caminos sigan juntos,
yo no le voy a pedir mucho más,
porque si algún día tengo que elegir mi destino,
quiero que seas tú con quien lo pueda caminar.
Me gusta tu voz,
me gusta tu manera,
me gusta cómo sabes hacerme sentir,
me gusta que seas tan creyente en Dios,
y que seas americanista igual que yo.
Me gusta cuando dices que te hago feliz,
cuando me cuentas que tu corazón late más,
cuando dices que al ver mi nombre sonríes y que conmigo tus
tristezas se van. Y aquella mañana que leí tus palabras,
cuando dijiste que querías estar junto a mí,
imaginé tus brazos rodeándome despacio,
y por un momento te sentí
aquí.
Y aquellas flores amarillas que llegaron a tus manos,
eran apenas una pequeña explicación,
porque cien rosas nunca podrían decirte todo lo que poco a poco
está sintiendo mi corazón.
No quiero prometerte una historia perfecta,
porque sé que algún día podremos tropezar,
pero sí puedo prometerte algo sencillo: mis palabras con mis actos siempre
van a caminar. Porque no quiero solamente decirte "te amo",
quiero que mis acciones te lo puedan demostrar,
que cuando tengas miedo puedas mirar mis ojos y encontrar en ellos
un lugar donde descansar.
Porque tú llegaste cuando ya no esperaba,
y sin darte cuenta me enseñaste a sentir,
me devolviste las ganas de creer en el amor y ahora tengo
miedo… pero quiero seguir.
Quiero una vida donde sobren los abrazos,
mañanas contigo y noches para conversar,
y si algún día Dios nos lleva hasta ese momento,
frente a Él contigo me quisiera casar.
No sé qué nos tenga preparado el destino,
pero hay algo que sí puedo asegurar: si Dios permite que seas
tú la mujer de mi vida,
voy a agradecerle por haberte hecho llegar.
Y si algún día me preguntas
cuándo comenzó todo esto…
quizá no sepa darte una fecha exacta.
Solo sé que un día apareciste,
me hiciste sonreír…
y aquello que yo creía que estaba muerto
volvió a latir por ti.
Te amo, mi amor.
Y si Dios lo permite…
esto apenas comienza.