

Shh...
No digas nada...
Tú sabes.
Llegaste diciendo que solo un ratito,
dejaste tu abrigo, pediste un vinito.
Miraste la puerta, miraste el reloj,
pero cuando puse música,
el tiempo paró. Dijiste: "No quiero meterme en líos",
yo dije: "Tranquila, tampoco es lo mío".
Pero tu mano buscaba mi mano,
y el resto del mundo quedó tan lejano.
Si no pasa nada,
¿por qué estás temblando?
Si no sientes nada,
¿por qué sigues bailando?
Y cuando te acercas,
se te escapa la risa.
Dices que te vas...
pero nunca hay prisa.
Casi nada, nada, nada,
y terminamos de madrugada.
Casi nada, nada, nada,
tú me miras y no dices nada.
Dices que no, no,
no,
pero te quedas un poquito.
Dices que no, no,
no,
y me sonríes despacito.
Casi nada...
Y míranos ahora.
Casi nada...
Y se nos fue la hora.
Na-na-na,
casi nada. Na-na-na, de madrugada.
Na-na-na,
casi nada. Tú y yo sin decir nada.
Sonaron mensajes, no quisiste mirar,
la ciudad despertaba detrás del cristal.
Te pusiste los zapatos,
buscaste el collar, pero al sonar nuestra canción volviste a bailar.
Me dijiste bajito: "Esto no va a durar",
yo respondí: "Entonces vamos a disfrutar".
No hablamos del lunes,
ni del porvenir,
solo de esa canción que no querías dejar ir.
Si no pasa nada,
¿por qué estás temblando?
Si no sientes nada,
¿por qué sigues bailando?
Y cuando te acercas,
se te escapa la risa.
Dices que te vas...
pero nunca hay prisa.
Casi nada, nada, nada,
y terminamos de madrugada.
Casi nada, nada,
nada,
tú me miras y no dices nada.
Dices que no,
no, no,
pero te quedas un poquito.
Dices que no,
no, no,
y me sonríes despacito.
Casi nada...
Y míranos ahora. Casi nada...
Y se nos fue la hora.
No hace falta ponerle nombre,
ni prometer lo que vendrá.
Si mañana somos dos extraños,
esta canción nos recordará.
Na-na-na, casi nada... Na-na-na,
de madrugada... Shh... No digas nada.