

Llegaste sin pedir permiso,
como cambia la tarde después de llover,
yo venía siguiendo mis propios caminos y de repente quise aprender los
tuyos también. A veces usamos las mismas palabras y terminan queriendo decir
algo más,
vos escuchás silencio donde yo digo tanto,
yo busco respuestas donde querés respirar.
Y hay noches en que hablamos de más,
otras en que no sabemos qué decir,
pero incluso cuando el ruido nos gana
algo en nosotros se niega a partir.
Porque hay algo que queda
cuando por fin dejamos de hablar,
cuando baja la tormenta
y volvemos despacio a mirar.
Tal vez amar también da miedo,
porque siempre hay algo que arriesgar,
algo de uno cambia para siempre
cuando deja a otro entrar.
No sé si el amor tiene un idioma,
ni si existe una sola forma de amar,
pero entre tu manera y la mía
siempre encontramos dónde regresar.
Vos conocés caminos que yo apenas descubro,
yo traigo costumbres de otro lugar,
hay cosas pequeñas que parecen sencillas y a veces nos cuesta dejarlas
pasar. Yo quiero acercarme cuando todo se mueve,
vos necesitás un momento de paz,
y aunque de vez en cuando chocamos de frente,
hay heridas que no nacen de querer lastimar.
Hay días en que somos fuego,
hay días en que somos café,
unas veces nos gana el orgullo y
otras basta una mirada para volver.
Porque hay algo que queda
después del ruido y la confusión,
algo frágil que todavía respira
debajo de cada discusión.
Tal vez amar también duele,
porque querer no es salir igual,
a veces dejamos algo en el camino
para aprender otra forma de avanzar.
No sé si el amor tiene un idioma,
ni si existe una sola forma de amar,
pero entre tu manera y la mía
todavía hay algo que quiere intentar.
Tal vez querernos sea esto:
aprender lo que el otro quiso decir,
entender que a veces por cuidarnos
también podemos hacernos sufrir.
Tal vez amar sea perder un poco de esa vida que teníamos
antes de llegar,
no para dejar de ser quienes somos,
sino porque nadie ama sin cambiar.
Y quizás por eso asusta tanto,
porque cuando algo importa de verdad,
ya no existe la forma de sentirlo
sin tener también miedo de perderlo algún día.
Porque hay algo que queda
cuando se cansan el orgullo y la razón,
una calma pequeña entre los dos que todavía reconoce el corazón.
Y aunque a veces la vida nos traduzca mal,
ahunque hablemos distinto sin querer,
entre tu mundo y el mío
todavía hay un lugar donde podemos caber.
No quiero un amor sin miedo,
ni uno que nunca pueda doler,
quiero uno que aprenda con sus heridas y todavía
tenga ganas de crecer.
Entre la niebla y el sol,
entre acercarnos y respirar,
vamos perdiendo algunas certezas
y aprendiendo otra manera de amar.
Porque amar también da miedo,
amar a veces puede doler,
pero hay personas que llegan a tu vida
y después ya no volvés
a ser
el de ayer.