

Che, Juan, te lo confieso de primero:
ese blanco y ese rosa de la Elvira
no son de ella,
si uno bien los mira:
los pagó, uno por uno,
con dinero.
Pero además te digo,
compañero,
que es tan grande el chamuyo de su mentira
que en vano a competirle aspira
un rostro limpio, un rostro verdadero.
¿Y qué te extraña que ande yo perdido
por un engaño tal,
si bien sabemos que nos engaña así Naturaleza?
Ese cielo azul,
que todos vemos,
ni es cielo ni es azul...
¡Ay, qué tristeza! ¡Lástima grande que no sea verdad tanta
belleza!
¿Y qué te extraña
que ande yo perdido
por un engaño tal,
si bien sabemos
que nos engaña
así Naturaleza?
Ese cielo azul, que todos vemos,
ni es cielo ni es azul...
¡Ay, qué tristeza!
¡Lástima grande que no sea verdad
tanta belleza!