

Bajo la lluvia de Berlín
te vi bajar la voz,
yo llevaba otro nombre
cosido a mi corazón.
Tú vestías de hierro,
y yo, de cicatriz; cuando dijiste "te creo",
se partió el país.
No me llames por el hombre
que inventaron para mí;
si me amas, mira de frente
lo que haces para seguir.
Somos dos sombras contra el muro,
dos fugitivos del reloj; tu uniforme grita muerte,
mi verdad pide una canción.
No hay absolución en tus manos,
no hay refugio en mi canción; si este amor cruza la noche,
solo encuentra destrucción.
Guardabas cartas en un libro,
yo, la llave del portal; afuera ardían los nombres que no pudiste
salvar.
Me juraste una frontera,
un tren, un cielo sin final;
pero el miedo tiene sellos
y te hizo regresar.
Yo no nací para esconderme
ni a perdonarte la prisión;
tu deseo no desarma
la máquina del terror.
Cuando llamaron a mi puerta,
tú ya sabías la señal.
Tu silencio fue una orden,
tu beso, una despedida más.
Yo escribí mi nombre entero con la sangre del cristal: soy quien
dije que era siempre,
y tú no escaparás.
Somos dos sombras contra el muro,
pero yo no caeré por ti; tu uniforme queda ardiendo,
mi nombre aprende a resistir.
No hay absolución ni regreso,
solo ceniza y claridad; nuestro amor murió en la historia,
mi verdad sobrevivirá.
Bajo la lluvia de Berlín,
mi nombre sigue aquí.