

Caminé por caminos sin nombre,
buscando un propósito que nunca encontré.
Triunfos que brillaban y luego se iban,
fracasos que me hundían sin piedad.
El vacío era
mi único amigo, un hueco en el pecho que nada
llenó.
Y en las noches más frías y oscuras,
cuando el alma gritaba y nadie escuchó…
Jesús, Hijo de Dios,
¿por qué me escogiste a mí?
Yo nunca te busqué,
nunca te seguí.
Pero Tú siempre estabas,
en lo bueno y en lo malo,
en los momentos más duros,
cuando todo se caía.
No entiendo Tu amor,
no merezco Tu gracia…
Pero aquí estoy, de rodillas,
dándote las gracias.
En los días de gloria yo me perdía,
en los días de llanto Tú me sostenías.
Cuando el mundo me dio la espalda y me dejó solo,
Tú caminabas a mi lado en silencio.
Ahora entiendo que nunca me olvidaste,
aun cuando yo no Te conocía.
Y en la cruz,
con Tu sangre, pensaste en mí…
Jesús, Hijo de Dios,
¿por qué me escogiste a mí?
Yo nunca te busqué,
nunca te seguí. Pero Tú siempre estabas,
en lo bueno y en lo malo,
en los momentos más duros,
cuando todo se caía.
No entiendo Tu amor,
no merezco Tu gracia… Pero aquí estoy,
de rodillas, dándote las gracias.
(dándote las gracias)
Gracias por el sacrificio… por darme una oportunidad.
Gracias porque nunca me soltaste,
aunque yo no Te llamaba.
Ahora mi vida es Tuya,
Señor,
hasta el ultimo aliento… Viviré para Ti…
siempre viviré para Ti.
Jesús…
Hijo de Dios…
No entiendo por qué me amaste a mí.
Pero hoy te entrego todo,
y por siempre… viviré para Ti.