

Un día dejaste tu tierra,
con miedo escondido en la piel,
sin conocer lo que esperaba,
pero sabiendo muy bien por quién.
No conocías aquel camino,
ni una palabra de aquel lugar,
sin una mano que te guiara,
solo tus fuerzas para avanzar.
Dejaste atrás lo conocido,
tu gente, tu casa y tu hogar,
porque una madre cuando ama no sabe de límites para luchar.
Y aunque lloraste en silencio,
aunque quisiste regresar,
pensaste siempre en tus hijos y encontraste fuerzas para continuar.
Virginia, madre querida, tu sacrificio vive en mí.
Cruzaste fronteras por darnos la vida que un día soñaste para nosotros
aquí. Virginia, mujer valiente,
¿cómo podría pagarte tu amor?
Si todo lo bueno que llevo en el alma lleva un pedacito
de tu corazón. Y mientras yo tenga vida,
mientras pueda recordar, mi amor y mi gratitud por ti,
mamá, serán eternos... no tendrán final.
Llegaste sola a tierra extraña,
sin conocer a nadie alrededor,
sin hablar inglés, pero hablando
el lenguaje infinito del amor.
Trabajaste cuando estabas cansada,
sonreíste queriendo llorar, quizás muchas noches tuviste miedo,
pero nunca dejaste de luchar.
Tus manos cargaron sacrificios,
tus pasos construyeron nuestro andar,
y cada puerta que se te cerraba te daba más fuerzas para
continuar. Porque detrás de cada batalla,
había una razón para seguir: tus hijos eran tu esperanza,
tu sueño, tu motivo para vivir.
Hoy comprendo lo que hiciste,
lo que tuviste que dejar,
las lágrimas que nadie vio,
las veces que quisiste descansar.
Quizás de niño no entendía
el precio de un futuro mejor,
pero hoy miro hacia mi vida
y detrás de ella veo tu amor.
Si pudiera regresar el tiempo
y verte antes de aquel viaje comenzar,
te abrazaría fuerte y te diría: "Mamá,
algún día tus hijos comprenderán."
Virginia, madre querida, hoy quiero que escuches mi voz.
Todo lo que hiciste por nosotros quedó para siempre grabado en mi
corazón. No existe distancia ni tiempo,
ni palabras para explicar
lo agradecido que estoy por tu vida y por enseñarnos a nunca
abandonar. Y cuando los años hayan pasado,
tu historia se seguirá contando,
porque el amor de una madre como tú no termina cuando pasan
los años. Vive en sus hijos,
vive en sus nietos,
vive en cada sueño que ayudaste a alcanzar.
Virginia,
madre mía,
si existe algo que quiero que recuerdes por toda la eternidad:
Gracias por tu sacrificio.
Gracias por tu valentía.
Gracias por darnos una oportunidad.
Y aunque mil vidas pudiera vivir,
mil veces te volvería a decir:
Te amo, mamá.
Mi amor y mi gratitud por ti
son eternos... como eterno es el amor
que tú nos supiste dar.