

¡Y es el morro que salió del lodo!
¡Pa' mi carnal Santiago Chaidez,
viejo!
De morrillo me miraron chiquito,
en mi casa yo sobraba,
puras palabras que calan,
que ni el hambre dolía tanto.
Mi madre un día me cerró la puerta,
"ya no vuelvas" fue lo que dijo,
con una
mochila vieja, me aventé solo al camino.
Dormí en banquetas frías,
nadie preguntó si comía,
la familia que tenía,
resultó que no era mía.
Y ese fue Santiago Chaidez,
el que me tendió la mano,
cuando todos me dieron la espalda,
él me dijo "vámonos hermano".
Me
sacó de donde estaba,
me enseñó a no agachar la cara,
y así llegamos con orgullo,
hasta Culiacán,
mi loco.
De la nada nos fuimos juntos,
con la fe por equipaje,
sin un peso en los bolsillos,
pero con mucho coraje.
Hoy andamos en Culiacán,
donde el morro menospreciado,
camina con la frente en alto,
bien firme y bien parado.
¡Y pa' los que me hicieron menos...
aquí sigue el que nadie quiso!