

Cuando se apague el circo,
cuando se acabe el pan,
tal vez el hombre recuerde
que vino al mundo a pensar.
Nos dieron pan para la boca,
pero no para el corazón.
Nos dieron circo en la plaza,
pero no conversación. Nos dieron luces tan altas que no vimos las
estrellas. Nos dieron tantas respuestas
que olvidamos las preguntas bellas.
Y en medio de tanta fiesta,
de tanto aplauso alquilado,
un libro toca la puerta
del ser humano olvidado.
Cuando se apague el circo,
quiero verme de verdad sin máscara,
sin ruido, sin vender mi libertad cuando se acabe el pan que
me dieron por callar quiero tener hambre de conciencia y de amar
Pan y Circo me recuerda lo que pude olvidar que el alma
no se compra, que se aprende a despertar que no hay poder
más grande ni más difícil de domar que un ser humano libre
que comienza a
pensar El mundo corre tan rápido que nadie llega a su vida.
Se gana todo en la mano
y se pierde el alma dormida.
Nos enseñaron consumo como si fuera destino,
pero el oro no consuela al que perdió su camino.
Hay quien se ríe en la foto y por dentro está llorando,
hay quien tiene mil ventanas y ninguna está mirando.
No culpo al que duerme,
también dormí alguna vez.
No juzgo al que aplaude,
yo también tuve sed.
Pero si una palabra puede abrir una prisión,
que esta canción sea llave,
que este libro sea voz.
No vine a romper vitrinas,
vine a encender una vela.
No vine a gritar verdades,
vine a quitar una venda.
Porque detrás de la risa,
detrás del show y la pantalla,
hay un niño preguntando por qué su esperanza calla.
Cuando se apague el
circo, quiero verme de verdad sin máscara,
sin ruido, sin vender mi libertad cuando se acabe el pan que
me dieron por callar quiero tener hambre de conciencia y de amar
Pan y Circo me recuerda lo que pude olvidar que el alma
no se compra, que se aprende a despertar que no hay poder
más grande ni más difícil de
domar que un ser humano libre que comienza a pensar Cuando se
apague el circo, no tengas miedo al silencio.
Tal vez ahí escuches
la voz de tu conciencia.